Nuestras declaraciones, creencias y diálogo interno pueden expandir o limitar nuestra realidad. Identificar y transformar estas narrativas nos permite abrir nuevas posibilidades en nuestra vida.
Un repaso en mi historia
¿Cómo descubrí
el coaching ontológico?
Luego de más de 20 años en el mundo corporativo, aprendiendo a gestionarme como SER CORPORATIVO encontré espacios vacíos de conexión con las personas. Espacios personales que eran necesarios acompañar a las personas para que puedan “sanar” y seguir adelante y que no eran atendidos por la empresa.
Espacios en dónde el silencio y el vacio se hacían permanentes sin lograr sanar aquello que era una herida del alma. Personas que habían sido despedidas, personas que pasaban por una etapa de duelo o por un proceso de separación o por problemas con sus hijos o por enfermedades largas o ya habían perdido la motivación por el día a día o se sentían que vivían en automático sin estar conectadas con la vida, o sentían pánico por asumir nuevos retos, o sentían pánico para manejar situaciones de incertidumbre, o se sentían incapaces para comunicarse, o se sentían incapaces para poner limites y muchas otras situaciones que generaban una revolución emocional en las personas y que no era la empresa el lugar para sanar o generar el espacio de aprendizaje adecuado.
Sentía que era un SER CORPORATIVO, altamente capaz de lidiar con temas corporativos, como: desempeño, rendimiento pero me sentía incapaz en gestionar temas humanos por los cuáles pasaban las persones y que no les permitía lograr máximos desempeños.
Sentía que las personas se merecían más allá de un “Hola” en automático, se merecían una conexión especial. Así que empecé a buscar opciones para aprender a acompañar a personas en espacios seguros, para volver a encender esa chispa, esa magia que pudieron haber perdido en el camino, volver a conectarlos con su SER, son su alma, con sus sueños y esto lo encontré en el coaching ontológico. Fue así que empecé.
Debo confesar que me costó mucho dejar de ser un SER CORPORATIVO para regresar a ser un SER HUMANO, a empezar a sentir mis emociones, sobretodo el poder darme la licencia de ser vulnerable y abrazar aquellas emociones que había alelado de mi. Volverme a conectar con mi vida y con mi alma me costo mucho y hoy siento, que gracias al coaching puedo acompañar a varias persones que se sintieron igual que yo, en algún momento.
Luego de conocer y poner en la práctica el coaching ontológico, decidí especializarme en aquello que tanto amo hacer desde hace siempre: el deporte de alto rendimiento. El deportista no es una máquina, es un ser humano que practica deporte y que lo puede llevar a su máxima versión en la medida que logre reconocerse como el SER que es, aprendiendo a tener una mentalidad ganadora, emociones en equilibrio, cuerpo sin rigidez y la mejor energía para enfrentar los retos deportivos del día a día sin perder el disfrute o el propósito por el cuál nos iniciamos en la practica deportiva.







